"Una desapacible noche de noviembre
contemplé es final de mis esfuerzos. Con una ansiedad rayana en la agonía,
coloqué a mi alrededor los instrumentos que me iban a permitir infundir un
hálito de vida a la cosa inerte que yacía a mis pies. Era ya la una de la
madrugada; la lluvia golpeaba las ventanas sombríamente, y la vela casi se
había consumido, cuando, a la mortecina luz de la llama, vi cómo la criatura
abría sus ojos amarillentos y apagados. Respiró profundamente y un movimiento
compulsivo sacudió su cuerpo."
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